jueves, 25 de mayo de 2017

Refugio


Refugio
 


Refugio de Villafamés a las espaldas del castillo.
 
 
Fotografía y texto de Lucía Alcina


Delta del Ebro


Campos de arroz,

barro, fango azul y aves silvestres zambullidas.

La tierra en fuga sobre el mar.




 
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Poesía y fotografías de Lucía Alcina

miércoles, 26 de abril de 2017

Amanece en la ría de Limpias

El diecinueve de marzo de 2017, a las ocho de la mañana, salí a pasear por la orilla de la ría de Limpias, un pueblo cercano a Laredo y Santoña.








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Fotografías de Lucía Alcina

jueves, 9 de marzo de 2017

Ventanas de Biarritz



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Febrero de 2017.

Biarritz.

Paseo desde la playa al antiguo poblado de pescadores
y vuelta por el centro de la ciudad.

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Fotografías de Lucía Alcina
 

martes, 7 de marzo de 2017

Mujer en la playa


 

Una mujer joven
 
baja las escaleras de madera
 
y carga bajo su brazo una tabla de surf.
 
Apunta hacia el mar
 
y avanza obre los granos de arena;
 
su sombra adelantándose un paso.
 
Deja la tabla abandonada

y a varios metros del agua,
 
mira al horizonte.
 
Su sombra se ha marchado nadando
 
y Ella permanece

y desde la playa observa

la travesía de la sombra que bracea envuelta entre las olas
 
y levanta el contorno de los brazos

en un adiós hacia la orilla.
 
Luego se sumerge

y cambia con su despedida el color del mar.
 
Ahora es una superficie transparente
 
donde la sombra ya no es sombra
 
sino una figura manifiesta e intangible.

Mitad pez, mitad mujer.
 
 
 
Tomo esta fotografía en Biarritz a mediados de febrero.
Lucía Alcina
 
Texto y fotografía experimental de Lucía Alcina

lunes, 6 de marzo de 2017

La piel fría, de Albert Sánchez Piñol

"¡Adiós Chateaubriand!
¡Adiós Goethe, adiós Aristóteles, Rilke Y Stevenson!
¡Adiós Marx, Laforgue y Saint-Simón!
¡Adiós Milton, Voltaire, Rousseau, Góngora y Cervantes!
Apreciados amigos, se os venera, pero que la admiración
no se mezcle con la necesidad: sois contingentes."
Este libro me impactó. ¿Es un libro de viajes? Sin duda; de uno muy particular. El protagonista se te pega a la piel, y la piel es como el pergamino de los mapas. Y mapas sólo hay dos; el tuyo, y el del "otro".

Ahora imaginad que lográis escapar de todo - de todas las guerras; que llegáis a una isla donde nadie os conoce. Lo desconcertante aguarda allí, en esa evasión. ¿Eres capaz de enfrenarte a ti mismo?

La maldad hace que comience a rodar esta historia de un niño irlandés de infancia huérfana y juventud en guerra, que intenta huir del mundo en barco. La aventura que vive en esa isla de monstruos a la que llega, estará marcada por la violencia y determinada por todo lo aprendido. Pero siempre olvidamos algo de lo aprendido. El aprendizaje del protagonista, violento y lleno de carencias, se interrumpe brevemente con la franca e ingeniosa instrucción de su tutor:

"Entre los ejercicios que me imponía había algunos curiosos y otros muy curiosos. En las redacciones de temas políticos eran frecuentes títulos como "Bases de la estupidez humana que justifican el poder político de los césares, de los zares, de los káiser, y del parlamentarismo británico".

La contingencia es el término mejor explorado en esta novela. Y es que tiene una importancia que pasamos por alto. Porque ¿qué es la filosofía, la física, cualquier ciencia - cualquier pensamiento - si dejamos a un lado lo contingente: aquello que puede suceder, o no?

Así, si observamos un rectángulo de hierba en el campo, con los insectos y el viento allí enmarcados: "El único elemento contingente del rectángulo es el rectángulo."

"Nuestra patria no era una geografía, era una idea de futuro."

Y como, a veces, ignoramos lo importante hasta que se ha esfumado - y aunque nos moleste aceptarlo, la esencia de lo imprescindible está recogida en alguna ocasión en algo táctil - confundiremos lo contingente con el embalaje. Y dejaremos que se pierda todo el contenido.



  En esta novela la violencia se disfraza con dos de sus mejores máscaras: la pasión y el miedo.
"¿Cómo era posible, me preguntaba a mí mismo,
que después de décadas, de siglos de guerra...,
aprovecháramos el primer soplo de libertad
para matarnos los unos a los otros?"
"Ya no sufría cansancio, el cansancio me sufría a mí"

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"BATIS CAFFÓ ES BATÍS CAFFÓ
Y BATTÍS CAFFÓ ES BATTÍS CAFFÓ"
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Este libro me lo recomendó Lola Martín-Arroyo en la Librería La Clandestina.
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domingo, 5 de marzo de 2017

Atardecer en Getaria

Se marcha el invierno. Retorna la luz. Y vuelvo a abrir la ventana. Durante la estación oscura los colores permanecen callados y los matices se refugian en mi interior, se enrocan, se hacen fuertes, me abrazan, me aprisionan, golpean las portillas internas. Y tengo que abrirme y darles salida.

Comienzo con este atardecer en Getaria. El sol empuja las contraventanas. Salta al mar. Y antes de sumergirse en el agua se precipita contra los barcos y los llena de rojos, azules y verdes.












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Reportaje fotográfico realizado en febrero de 2017
Fotografías de Lucía Alcina

viernes, 25 de noviembre de 2016

Campos de Labastida a Laguardia

Principios de noviembre.

 




 

 


 
 
 

viernes, 18 de noviembre de 2016

Manual de jardinería (para gente sin jardín), de Daniel Monedero

"¿Qué hace los lunes la gente sin sueños?"
Estos relatos no se olvidan. Se quedan ahí. Pensantes. Dentro. Desnudos y llenos de oquedades. Por eso he tardado tanto tiempo en escribir sobre ellos. Son diez cuentos bajo un título que ya revela el contrapunto. Nos disponen a estar atentos a la duda - y con ella comienza un juego, poético, cargado de acentos cinematográficos.
Aquí lo imprescindible: Tres de los relatos de este libro son magníficos. Y los otros siete son esenciales para entender esta composición. Porque, aunque cada historia sea independiente - y algunas de ellas endiabladamente originales - hay algo que las une: La brevedad de lo cierto.
Cada personaje comienza su aventura a punto de ser vencido, porque vencerse es tirar las puertas abajo, dejar entrar el agua en los huecos. Esos huecos que llenan un alto porcentaje de la vida, y que a veces son mortales - porque nos matan con la rutina de querer ser otra cosa distinta a lo que somos - y a veces son utopías de abrazos, y besos - que nos mantienen vivos gracias a una elipsis, o a un fuera de campo.
Lo que es ser - ser - dura tan poco. Por eso a algunos de los protagonistas les invade el vértigo al ver el principio del final, y a otros una inmensa alegría al correr hacia el final del principio.
Hay un joven que reconstruye un verano en Seattle - ciudad que nunca pisó - y convierte el relato en un precioso homenaje nostálgico a los "90". Un tributo a las voces de los poetas irreverentes, que ennoblecían la vida de una pandilla de soñadores, habitantes de una ciudad pequeña.
Hay un Huck Finn que hace balance de su vida sobre una mecedora, y termina acarreándola a la espalda para volver al rio y dar encuentro a Tom.
Hay un chico de Queens - con todo en su contra - que descubre en un libro que es otra persona, y dedica su vida a ser quien cree ser.
Ser. Hasta que el mundo te lo permita. Fracciones de segundo, la niñez, un enamoramiento, la franqueza extravagante de una conversación de amantes, un viaje, un verano.
No ser. Y darse uno cuenta que la conexión se ha roto con lo que le rodea.

"Me he bautizado con el nombre de mi alma."
Este libro no habla de reparar lo roto. Se queda ahí. En el hueco. No trata de salvar a nadie. Habla sencillamente de la dureza de la verdad. Y es aquí donde entra a jugar el arte. La poesía. Saber enfrentarse a esa verdad de cada uno. Incluso cuando la verdad es un mundo sin jardín. Hacerlo con una creación silenciosa - una búsqueda del ser que se construye, siembra, e incluso injerta dentro de sí la propia lucha del ser. La belleza de las pequeñas y grandes batallas solitarias.
Está escrito con esa transparencia del lenguaje que permite a los personajes pensar, dándoles aire suficiente para actuar al mismo tiempo. A veces la historia está decapitada de comas, entrecortada, como la respiración. Otras, nos da una tregua, y nos invita a disfrutar de un poema. Sylvia Plath, Szymborska, Rimbaud. O a viajar a Polonia. Me gustan las historias que te invaden hasta ese punto; que te invitan a buscar el espacio fuera de campo; que le permiten al lector extenderlas - hacerlas suyas - hasta la frontera que el lector decida.
"Las personas no se diferencian tanto por sus valores o por su sistema filosófico como por su forma de poner las comas"
Estaba en el tren mientras leía el cuento que da título a este libro. Sentada junto a la ventana ( no puede ser de otra forma ¿verdad? ). Y levantaba los ojos del libro para ver pasar los campos, o para buscar alguna clave en internet que ampliase aún más el viaje de ese chico de Queens. Y encontré algo sorprendente. En un lugar de Polonia, en la Baja Silesia, existe una excepcionalidad gravitatoria donde es posible caer hacia arriba. Allí el equilibrio está ladeado en un punto de gravitación anómala. Elegir Polonia para un cuento - un país que ha luchado por su libertad en más de 40 ocasiones - seguro que no es casualidad.
Podría seguir escribiendo a máquina todo lo que anoté en una libreta que casi se queda sin páginas. Sobre personajes varados en el tiempo, o en algún sofá. Sobre la elección de 'Ray' como nombre del protagonista, que, 'casualmente', se enfrenta a los rayos catódicos de un televisor por donde se cuela el hielo. De por qué me venían a la cabeza imágenes de Monster's ball, de Gran Torino, o de Beautiful girls. O por qué razón apunté en una esquina 'este libro grita ¡Que me ahogo hostias! ¿No lo ves? ¿No lo sientes? ¿No me agarras?'.
Esas vueltas de tuerca - tan anglosajonas - que consiguen alzar la miseria a fuerza de músculo y poesía. Ese deseo de girar el destino, que tropieza con gigantes cervantinos. Ese viaje de un color verde extraterrestre. La poesía como jardín, ese otro mundo de posibilidades. La lectura como puerta, a otra lectura, a otra vida.
"Qué cara te ha dibujado el destino
y qué cara le has puesto tú a él."
Manual de jardinería ( para gente sin jardín ). Editorial RELEE

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 Libros

La poesía de Szymborska

Directamente os dejo con un poema suyo.

La mujer de Lot

Dicen que miró hacia atrás por curiosidad.
Pero yo podría haber tenido otras razones aparte de la curiosidad.
Miré hacia atrás por pena de una fuente de plata.
Por distracción mientras me ataba el cordón de mi sandalia.
Para evitar seguir mirando el justo cuello
de Lot, mi esposo.
Por una repentina certidumbre de que si yo hubiera muerto
él ni siquiera habría atenuado su marcha.
Por la desobediencia de los humildes.
Alerta a la persecución.
Repentinamente serena, esperanzada de que Dios hubiera cambiado de parecer.
Nuestras dos hijas ya estaban casi en la cima de la colina.
Sentí la ancianidad dentro de mí. Lejanía.
La futilidad de nuestro vagar. Somnolencia.
Miré hacia atrás mientras dejaba mi atado en el suelo.
Miré hacia atrás por miedo de dónde poner a continuación mi pie.
En mi camino aparecieron serpientes,
arañas, ratas de campo y buitres jóvenes.
Entonces no había justos ni malvados -simplemente todas las criaturas vivientes
reptaban y saltaban en medio de un pánico común.
Miré hacia atrás por soledad.
Por vergüenza de que estaba huyendo.
Por un deseo de gritar, de volver.
Justo cuando una súbita ráfaga de viento
me deshizo el peinado y me levantó mis vestidos.
Tuve la impresión de que lo estaban viendo todo desde las murallas de Sodoma
y estallaban en risas sonoras de vez en cuando.
Miré hacia atrás por rabia
para gozar de su gran ruina
miré hacia atrás por todas las razones que he mencionado.
Miré hacia atrás a pesar de mí misma.
Fue sólo una roca que se desprendió, resonando bajo los pies.
Una repentina grieta que cortó mi camino.
Al borde un hámster correteó parado en sus patas traseras.
Fue entonces que miramos los dos hacia atrás.
No, no. Yo seguí corriendo,
repté y gateé hacia arriba,
hasta que la oscuridad me aplastó desde el cielo,
y con ella, grava ardiente y pájaros muertos.
Por falta de aliento me balanceaba repetidamente.
Si alguien me hubiera visto podría haber pensado que estaba bailando.
No se descarta que mis ojos hayan estado abiertos.
Podría ser que siento mi cara vuelta hacia la ciudad.

Collage realizado por Wislawa Szymborska