sábado, 30 de julio de 2016

Hay un lugar para el descanso




El manto verde y rojo de los acantilados de Asturias




nos lleva hasta el Faro de Busto


  



donde el sol juega con la luz entre las nubes

  
 
y la sumerge en el azul Cantábrico
 

bañando la playa de Bozo y los perfiles del Cabo,

 
los senderos entre maizales
 
los asturcones robustos
 

y los campos y cielos abiertos.
¡Abiertos!


donde pastan sin cesar las vacas asturianas

 
y los caminos se aventuran tierra adentro


o van a parar entre calles pobladas de camelias y hórreos

hasta encontrar un jardín donde dormir
después de observar a las estrellas.


Leer hasta que el sueño te rinda
 
Dormir hasta que el cuerpo se ablande.


Despertar en una habitación tranquila con vistas a un jardín


¡Desayunar! Esa gran fiesta.




 

Salir ahí fuera a disfrutar de la sombra de los árboles


del día despejado

de la fiesta

de los paseos entre sendas de hortensias azules

y pasar junto a una pastelería de cuento,
 como los frutos de sus dulces.

  




He podido descansar por todas esas cosas, pero también por la compañía, y por la alegría de una persona que convierte su secreto hotel rural de Cabo Busto en una casa llena de encanto.

 Si te apetece, visita la sección Hay un lugar
 
Fotografías y textos de Lucía Alcina


martes, 28 de junio de 2016

El silencio se hizo cuando sus labios se encontraron, de Toni Grimaldi

Es un libro pequeño - de los que caben en el bolsillo y puedes llevar muy cerca - pero está lleno de palabras grandes a las que abrazar, lleno de sentimientos universales intensos que - como autor - el poeta hace suyos y que a cada lectura improvisa un nuevo poeta-lector. Se desgarra con la misma fuerza con la que levanta el vuelo, lo mismo duda que planta cara a la incertidumbre y no se deja avasallar ni por el propio sentimiento. Es una poesía que le planta cara a sí misma, tan valiente que vuelve a los clásicos, a la cadencia, y a la rima.
El silencio se hizo cuando sus labios se encontraron. Poemario de Toni Grimaldi. Ilustración de Sara Monzón.

Joven, poeta, estudiante de Neurociencia y Psicología en la Universidad de Aberdeen  (Escocia) -  Toni Grimaldi nos sorprende en su primer libro El silencio se hizo cuando sus labios se encontraron ( Ediciones En Huída)  con una voz y unos versos sinceros que denotan una personalidad enérgica y comunicativa, fruto de una vida forzosamente nómada,  que se revela en una poesía viva y apasionada - una poesía que habla de amor y de distancia.
Recogemos uno de los poemas del libro y agradecemos al autor que nos haya permitido compartirlo.
Poema 6.
Mágico el momento que escondido en tus paredes
se derrumban los cimientos
desgastando los relieves,
y en el fondo en blanco y negro
se aparece una sonrisa, y unos labios,
que si no ando equivocado
y mi memoria aun no falla
juraría son los tuyos,
abrazándome a besarlos.
Y allá voy en estampida,
arrastrando media vida que sin tiempo de reposo a mi piel
                                                              {vive enraizada.
En carrera a trompicones
me derrumbo y me levanto y aun me vuelvo a desplomar.
Las astillas se acumulan en mi corazón quemado,
que habituado a las caídas las acepta con agrado.
Ya me acerco a tu sonrisa y ahora dudo,
cómo pudo ser tan fácil alcanzarte,
si tu encanto siempre estuvo en escurrirte entre mis dedos
cuando menos lo esperaba,
deshaciendo mis anhelos
de una vida reposada.
Descansar al fin de noche,
amanecer a tu lado, sonriendo de alegría.
No sentirme desahuciado.
Y al llegar a tu sonrisa,
y a esos labios,
reconozco el viejo truco del espejo deformado,
que en sus curvas miserables ahora estoy yo reflejado.
Un esbozo de mis rasgos me recuerda a los ausentes,
invadiéndome en nostalgia y arañando mi coraza.
Atorado en el pasado me retuerzo como puedo para al fin
                                                               {alzar el brazo,
y de un golpe delicado
el espejo hecho pedazos.
Ya de nuevo, en libertad,
me despierto en esta cama y respiro el aire puro.
El espejo está en añicos,
y por fin puedo volar.

jueves, 16 de junio de 2016

La calle del Pez








Galería de fotos hechas en la calle del Pez en el barrio de Malasaña, Madrid.

domingo, 12 de junio de 2016

La Nada Nocturna

Aunque no te conozca, aunque no sepa nada, me duele cada vez que te evito. Pero ahí estás, en mi vida, al doblar esa esquina, aunque cambie de calle. No hay forma, te quiero, y también te odio, aunque no sepa odiar - con toda mi alma - y es como amarte, pero duele y debo darle otro nombre. Sólo estoy vomitando lo que siento. "¿Y qué?" me dirás. Pues sí, ¿Y qué? No es que quiera que te importe. No somos amigos, no somos amantes, no somos nada. Pero dentro de esta nada nocturna he tenido que levantarme a imaginar que gritabas mi nombre.

 


 
Micro-relato y fotografía finalistas en el
II Concurso de Microrrelatos de la Calle del Pez
Madrid, 11 de junio de 2016.

Información sobre las Fiestas de La Calle del Pez 2016 que han coincidido este año con la Feria del Libro de Madrid:

 
Lucía Alcina finalista del Concurso de Microrrelatos La Calle del Pez
Relatos

jueves, 12 de mayo de 2016

martes, 10 de mayo de 2016

Chesil beach, de Ian McEwan


Me han dicho alguna vez que veo finales felices donde no los hay. No sé si se referían a finales reales o de cuento. Ian McEwan no escribe en Chesil beach ningún cuento.  Es un fabuloso narrador de historias, psicológicamente profundas, a través de un lenguaje ágil e inteligente sobre lo íntimo; y a la vez es un prodigio narrativo de párrafos sin puntos, que giran en microhistorias donde respiran la historia con mayúsculas, y la intrahistoria de belleza microscópica.

Chesil beach es un cosmos de esas microhistorias perfectamente hiladas, que nos muestra lo que les sucede a dos jóvenes recién casados, Florence y Edward, en su noche de bodas: no es ni destino ni azar, sino una trama - o una trampa - espejo del artificio en el que nacemos y vivimos.

McEwan describe el pensamiento de un hombre y una mujer en los preludios de la modernidad. Son los años sesenta y estamos entre Londres y Oxford, y los protagonistas son dos estudiantes al final de sus estudios que desean comenzar a vivir, en una época en la que la juventud aún era menospreciada, un arrinconado preámbulo de la vida real.
Henley a los pies de las colinas de Chiltern

 
McEwan nos hace viajar a través de pequeñas digresiones históricas, y paisajísticas, dando a cada momento la intensidad de que algo importante sucede. Escribe, como Kairós imprime calidad al tiempo. Retrata a dos esposos que "suponen", "creen", "imaginan" quién es el otro; ese otro al que nunca escuchan, al que nunca entienden. Y lo hace intercalando el malestar político que existe en ese momento en Inglaterra, la agitación artística que se vive en sus calles, la quietud permanente de los senderos de Oxfordshire, y la presencia de personajes legendarios que se pierden en el anonimato de la vida corriente.

St. Giles church, Oxford
"La mitología privada de su encuentro" - en St. Giles - es el punto de partida para trazar "sus mapas mentales y geográficos de Oxford" - lugar de la infancia - que ambos creyeron eran suficientes, por su similitud. Pero McEwan insiste en la dicotomía entre la infancia y la adolescencia, al dividir el espacio de sus vidas en Londres y Oxford, y Londres es una ciudad muy diferente para ambos. La música es diferente. Hay, en nuestra personal idea de la música, una inherente concepción del mundo.

"El interrogante no tenía contenido,

era tan puro como un signo de interrogación"

La infancia también deja sus huellas debajo de la piel - no sólo sobre el mapa - y en los rincones del hipotálamo se ocultan recuerdos aún más abstractos que la música. Recuerdos complejos "para los que no existe, o no se ha inventado aún, un lenguaje capaz" de expresarlos al otro. Los miedos más profundos, el valor de las personas y las cosas, aun que sean erróneos, se nos quedan ahí clavados, a veces invisibles, como botones escondidos que un día alguien, sin saberlo, roza, y hace estallar la parte más interna de nosotros.

"Edward estaba aprendiendo a ocultar

el hecho de que conocía el nombre de las mariposas."
Ewelme church

 
"Enamorarse era rebelarse a sí misma

lo extraña que era"
Wigmore Hall


Florence y Edward, además, son dos personas agradables que no saben discutir. Florence, experta en ocultar sus sentimientos, y Edward canalizando la ira en peleas callejeras, discuten por primera vez en sus vidas durante esa noche de bodas.

Ian McEwan estructura esta novela en cinco capítulos, y ese número impar le imprime el desequilibrio de la incomprensión entre dos seres que se aman. McEwan utiliza la antítesis y el contraste durante toda la obra, levanta en el dormitorio - frente a la fragilidad de estos dos seres envueltos en inseguridad - la fortaleza de la convención con "cuatro postes de roble que sostienen el dosel de la cama nupcial."

Es curioso que en el mismo párrafo donde describe el acercamiento de los dos jóvenes sobre la cama, el autor haga referencia a la tumba de Alicia de Pole - nieta del autor de los Cuentos de Canterbury - cuyo cadáver está en un cofre bajo un dosel de piedra sujeto por cuatro columnas de alabastro.

Al no tener acceso a él, el sexo se convierte a la vez en una meta y en una tortura, en una obsesión que envuelve a la noche de bodas en un aura mitológico, y a partir de aquí, por fin solos, comienza a desdoblárseles la vida en un caleidoscopio de imágenes fugaces, que van describiendo quiénes son y por qué actúan, a veces de un modo visceral.

"De este modo podía cambiarse por completo
el curso de una vida:
no haciendo nada."


Para mí, y esto es una observación muy personal, Chesil beach tiene un final feliz. Puede decirse que tiene un poso de tristeza, como todo lo tiene cuando miramos atrás y vemos allí lejos la belleza de algún episodio de nuestra vida.
Senderos por Wormsley Valley
Este libro me lo recomendó Lola Martín-Arroyo en la Librería La Clandestina .
 


Reseña escrita por Lucía Alcina