martes, 10 de mayo de 2016

Chesil beach, de Ian McEwan


Me han dicho alguna vez que veo finales felices donde no los hay. No sé si se referían a finales reales o de cuento. Ian McEwan no escribe en Chesil beach ningún cuento.  Es un fabuloso narrador de historias, psicológicamente profundas, a través de un lenguaje ágil e inteligente sobre lo íntimo; y a la vez es un prodigio narrativo de párrafos sin puntos, que giran en microhistorias donde respiran la historia con mayúsculas, y la intrahistoria de belleza microscópica.

Chesil beach es un cosmos de esas microhistorias perfectamente hiladas, que nos muestra lo que les sucede a dos jóvenes recién casados, Florence y Edward, en su noche de bodas: no es ni destino ni azar, sino una trama - o una trampa - espejo del artificio en el que nacemos y vivimos.

McEwan describe el pensamiento de un hombre y una mujer en los preludios de la modernidad. Son los años sesenta y estamos entre Londres y Oxford, y los protagonistas son dos estudiantes al final de sus estudios que desean comenzar a vivir, en una época en la que la juventud aún era menospreciada, un arrinconado preámbulo de la vida real.
Henley a los pies de las colinas de Chiltern

 
McEwan nos hace viajar a través de pequeñas digresiones históricas, y paisajísticas, dando a cada momento la intensidad de que algo importante sucede. Escribe, como Kairós imprime calidad al tiempo. Retrata a dos esposos que "suponen", "creen", "imaginan" quién es el otro; ese otro al que nunca escuchan, al que nunca entienden. Y lo hace intercalando el malestar político que existe en ese momento en Inglaterra, la agitación artística que se vive en sus calles, la quietud permanente de los senderos de Oxfordshire, y la presencia de personajes legendarios que se pierden en el anonimato de la vida corriente.

St. Giles church, Oxford
"La mitología privada de su encuentro" - en St. Giles - es el punto de partida para trazar "sus mapas mentales y geográficos de Oxford" - lugar de la infancia - que ambos creyeron eran suficientes, por su similitud. Pero McEwan insiste en la dicotomía entre la infancia y la adolescencia, al dividir el espacio de sus vidas en Londres y Oxford, y Londres es una ciudad muy diferente para ambos. La música es diferente. Hay, en nuestra personal idea de la música, una inherente concepción del mundo.

"El interrogante no tenía contenido,

era tan puro como un signo de interrogación"

La infancia también deja sus huellas debajo de la piel - no sólo sobre el mapa - y en los rincones del hipotálamo se ocultan recuerdos aún más abstractos que la música. Recuerdos complejos "para los que no existe, o no se ha inventado aún, un lenguaje capaz" de expresarlos al otro. Los miedos más profundos, el valor de las personas y las cosas, aun que sean erróneos, se nos quedan ahí clavados, a veces invisibles, como botones escondidos que un día alguien, sin saberlo, roza, y hace estallar la parte más interna de nosotros.

"Edward estaba aprendiendo a ocultar

el hecho de que conocía el nombre de las mariposas."
Ewelme church

 
"Enamorarse era rebelarse a sí misma

lo extraña que era"
Wigmore Hall


Florence y Edward, además, son dos personas agradables que no saben discutir. Florence, experta en ocultar sus sentimientos, y Edward canalizando la ira en peleas callejeras, discuten por primera vez en sus vidas durante esa noche de bodas.

Ian McEwan estructura esta novela en cinco capítulos, y ese número impar le imprime el desequilibrio de la incomprensión entre dos seres que se aman. McEwan utiliza la antítesis y el contraste durante toda la obra, levanta en el dormitorio - frente a la fragilidad de estos dos seres envueltos en inseguridad - la fortaleza de la convención con "cuatro postes de roble que sostienen el dosel de la cama nupcial."

Es curioso que en el mismo párrafo donde describe el acercamiento de los dos jóvenes sobre la cama, el autor haga referencia a la tumba de Alicia de Pole - nieta del autor de los Cuentos de Canterbury - cuyo cadáver está en un cofre bajo un dosel de piedra sujeto por cuatro columnas de alabastro.

Al no tener acceso a él, el sexo se convierte a la vez en una meta y en una tortura, en una obsesión que envuelve a la noche de bodas en un aura mitológico, y a partir de aquí, por fin solos, comienza a desdoblárseles la vida en un caleidoscopio de imágenes fugaces, que van describiendo quiénes son y por qué actúan, a veces de un modo visceral.

"De este modo podía cambiarse por completo
el curso de una vida:
no haciendo nada."


Para mí, y esto es una observación muy personal, Chesil beach tiene un final feliz. Puede decirse que tiene un poso de tristeza, como todo lo tiene cuando miramos atrás y vemos allí lejos la belleza de algún episodio de nuestra vida.
Senderos por Wormsley Valley
Este libro me lo recomendó Lola Martín-Arroyo en la Librería La Clandestina .
 


Reseña escrita por Lucía Alcina

viernes, 11 de marzo de 2016

Crecí escuchando el silencio silbado por mi abuelo

 
Mi abuelo silbaba.
Viajaba silbando.
Desde su butaca.
 
Nos pausaba.
 
Acompasaba el ritmo
loco de sus nietos
con la paciencia generosa de un abuelo.
 
Un Hamelín
que desplegaba piezas de ajedrez,
y no nos dejaba ganar. Vale. No siempre.
Sólo seis de cada diez.
Pero sólo al final.
Mirándonos desde ese ser tan profundo.
Desde ese caballero
que entonaba en los labios Il Silenzio.
O soplaba bajito Candilejas.
 
Lucía Alcina

Il Silenzio es una pieza instrumental compuesta por Nini Rosso
Pulsa aquí para escuchar Il Silenzio
 
Candilejas la compuso Charles Chaplin.
Pulsa aquí para escuchar Candilejas
En este blog explican la historia de la canción Limelight ( Candilejas)

lunes, 15 de febrero de 2016

Su piel caliente en mi muro humilde

Mi casa sin techo tiene cerrada las puertas a la calle oscura.
Me llueve aquí dentro algunos días. Sin embargo
el sol se prende a la pared, y trepa durante todo el año
arraigando su piel caliente en mis muros humildes.
Me enredo en él. Me duerme y me despierta.
Y yo a cambio abro los ojos y lo escribo.
Lo siembro bajo la cal y los escombros. Por eso
aparece de noche dibujado en las grietas,
asomando su nariz en la piel de esta vertical
con basa de ladrillo y cuerpo de aire.
 
Lucía Alcina

sábado, 13 de febrero de 2016

Cada uno de nosotros es un inmigrante en el corazón del otro



Tú y yo
somos inmigrantes en el corazón del otro.
Un reflejo de plástico nos plasma
- juntos riendo -
en la frontera dramática
de una distancia invisible.
Piscinas de sal
silentes en cascada
en una oscuridad de cine.
Interrumpe
una masa de 'nadas'
- interrumpe -
cada infinito abierto.
Levanta
un muro inflexible.
Un muro tras otro.
Los ojos gritando
en una foto móvil licuada
en triángulos de cristal
donde flotan aceitunas;
ilusiones de un mundo que baila
prefabricado
en transparencias
que borran la palabra olvido.
Que soplan sobre los acentos.
Y ya, ni un árbol queda en pié.
Todo es horizontal.
Fotogramas sin carne y sin volumen.
Silencio.
Se rueda.
Lucía Alcina
Los ojos de Mulligan y Fassbender en esta escena de Shame son la expresión de la más absoluta soledad. 'Shame' y 'Her' , son dos películas que muestran la distancia que existe entre dos seres humanos.

Pulsa aquí para ver la escena en la que Carey Mulligan canta
New York, New York





 

miércoles, 20 de enero de 2016

Kandinsky: La lírica y el control

 "No soporto que la gente
 vea lo que me pasa realmente."
 

Impresión
 
Hasta el siglo XX sólo la música permitía al autor expresarse en abstracto.
De todas las artes era la única que no representaba la realidad; y los compositores tenían la libertad de mostrar su genio, su carácter, su biografía, sin exponerse abiertamente al público. Porque la textura de la música funciona como una capa de invisibilidad que resguarda al artista de ser psicoanalizado a través de su obra.
Ligero


Entonces llegó Kandinsky y revolucionó la pintura.

Consiguió codificar el color y dar vida a las líneas, liberándolas de su función trivial. Logró pronunciarse sin necesidad de descubrirse.

Pero, ¿Por qué querría alguien expresarse públicamente si no quiere que le entiendan?

Me formularon esa pregunta mientras observaba Improvisación nº III.

Improvisación III
 

Respondí por impulso valiéndome de una analogía que hoy me hace reír porque quizá tenga algo de cierto. ¿Sabéis esa sensación cuando estáis enamorados de necesitar gritarlo? ¿Ese estado en el que no podéis transmitir abiertamente lo que sentís? A Romeo y Julieta les hubiese ido mucho mejor si hubieran sido capaces de hallar una fórmula de expresión abstracta. Una fórmula capaz de mostrar el revoltijo emocional que llevaban dentro ( al menos hasta diseñar un plan para escapar de los Capuletos y Montescos).
Acento en rosa - Obra que Kandinsky regaló a Nina, su mujer.

Pues imaginad que en cada creación el artista sufre algo parecido a un enamoramiento. Tiene una necesidad vital de expresar. Pero no tiene por qué querer que se equipare su creación con algo ya existente. No quiere que se le identifique. Porque la identidad de un profesional de cualquier disciplina tiene una cara privada que, por carácter, desea que permanezca privada.


"¿Por qué me fascina el círculo?
 
Porque,
siendo la forma más humilde, se impone indefectiblemente.
 
Porque es a la vez estable e inestable.

Porque es la única tensión que contiene en sí misma
un sinfín de otras tensiones"
 
Several circles
 
Vassily Kandinsky nació en 1866 en Moscú donde estudió derecho y economía. Pero a los treinta años decide dejar su consolidada posición y dedicarse a la pintura. ¿Por qué? Pues porque los cambios vienen producidos por descubrimientos inesperados. Kandinsky vio un cuadro de Monet. ¡La pintura no tenía que ser figurativa! Por la misma época había ido al Teatro Bolshoi a escuchar la representación de Lohengrin de Wagner, y la capacidad abstracta de la música de generar colores e imágenes mentales le impresionó profundamente.

Se fue a Munich a aprender, y en breve fundó su propia escuela (aunque era más bien una asociación de artistas). Phalanx es a la vez un lugar de trabajo, de estudio y de difusión del nuevo arte que estaban construyendo. En Phalanx conoció a Gabriele Münter. Su compañera de viajes antes de que la Primera Guerra Mundial los separara y él volviera a Rusia, donde trabajó inmerso en la museística de la Revolución sin apenas pintar.


Kandinsky y sus alumnos de la escuela Phalanx - 1902-1903 - Gabriele Münter en el centro.
 

Cartel para la primera exposición de Phalanx
En 1911 creó junto a Franz Marc el grupo Der Blaue Reiter
( El jinete azul), del que formaron parte también otros artistas, entre ellos Paul Klee y Gabriele Münter.
 


Kandinsky
Franz Marc - Caballos azules

Franz Marc y Kandinsky
Familia y amigos de Franz Marc, y Kandinsky
Serie Kleine Welten  ( Los pequeños mundos )

(Me llamó la atención ese ajedrez desplegado
en dos dimensiones)

 
 En 1914 Münter se trasladó con Kandinsky a Suiza, y poco después se separaron.
 
En gris - 1919
Kandinsky se casa en Rusia,
y vuelve a Múnich cuando Walter Gropius le pide que forme parte de la Bauhaus.
Vassily y Nina Kandinsky
Comienza una nueva época como docente y como autor.


Composición VIII




 
 
"La forma sin su función se libera y recupera su fuerza intrínseca."

Amarillo, rojo, azul

 
Trama negra

Kandinsky dando clase ( sentado en el centro)

Paul Klee y Vassily Kandinsky en la Bauhaus

Kandinsky y Walter Gropius - Reunión de directores en la Bauhaus
 
Treinta
 
Los nazis cierran La Bauhaus y Kandinsky se traslada con Nina a París. Allí vivirá hasta su muerte en 1944 un tanto aislado en la tranquilidad de un apartamento con vistas al Sena. Su pintura cambia. Se aleja con él del mundo. Despliega figuras en continua transformación en un espacio sin límites. Observa lo más pequeño - microorganismos, formas ligeras, tentaculares, biomórficas -  y lo sitúa en infinitos.
 
 
Amontonamiento ordenado
 



Azul claro


El Palacio Cibeles de Madrid ha organizado junto al Centro Pompidou de París una exposición de un centenar de obras de Kandinsky que va a recorrer varias capitales europeas. En Madrid la disfrutamos desde el 20 de octubre al 28 de febrero de 2016.


VISITA LA SECCIÓN: ARTE
Lucía Alcina
 

domingo, 17 de enero de 2016

Grietas en el alma de Munch

"En mi arte he intentado
explicarme la vida y su sentido"


El arte es probablemente el único instrumento capaz de mostrar al ser humano lo que ocurre en su intangible interior. Ayer atravesé una galería de emociones que Edvard Munch (1863-1944) dejó grabadas. Ochenta obras que han pasado por Madrid revelando las obsesiones de este prolífico autor del cual se ha escrito mucho. Me limito aquí a dejar constancia de la huella que me ha causado la visita; mis impresiones de sus expresiones.

Frente a sus cuadros se siente una pulsión.
Pura energía que nos desvía hacia el sentido interno de la obra.
Consigue atraparnos y descarga la ondulación de un pensamiento,
el desgarro de unos trazos neuróticos.

Atraviesa la superficie del lienzo
e incorpora el ruido del hombre contemporáneo.
El ruido que ahoga los silencios necesarios
para la comprensión del mundo.
El ruido que ocupa el espacio
entre una nota de música y la siguiente.
Es un ruido exterior que destruye la secuencia de los sentidos hasta llegar adentro y provocar un ruido interior ensordecedor.
Un ensimismamiento, que es a la vez lucha contra el orden.
No es un caos, sino una masa de sonido.
 
Munch lo concreta  en sus pinturas y xilografías
como Penderecki y Stravinsky en sus composiciones musicales.

Esas notas adyacentes tocadas al mismo tiempo.
Esos violines tocados por el lado "erróneo" del puente.

Alcanzando la profundidad con estridencias amarillas, espirales, gritos, y oscuridades de noches insomnes.

 

 
Decía que le había tocado vivir en "un mundo en transición",
y en él parecía sentirse perdido y vacío.

 
Nadie queda impasible.
Nos produce rechazos, preguntas.
Despierta una imaginación jeroglífica
y una búsqueda de significado. Es existencialista.
Está llena de las incertidumbres del hombre moderno.
Sus cuadros parecen grietas en el alma
que nos muestran sus miedos recurrentes,
ante un mundo que lo devora,
un mundo cambiante que no le permite afianzarse en él.
Un mundo en el que teme a las mujeres
a las que representa con cabellos de fuego
que hacen arder los bosques antiguos de las costumbres
hasta convertirlos en cenizas.
 
Con distintas técnicas, y a lo largo de su vida, los temas de sus cuadros son recurrentes. Parece como si la repetición fuese un instrumento en su búsqueda de sentido


  
"No pinto lo que veo,
sino lo que vi"
 
Y mucho de lo que veía eran máscaras y monstruos.
 
Al ver este cuadro recordé esos personajes solitarios de Hopper.


Con lo aprendido en sus años en París y Múnich - con claras influencias de Van Gogh, Gauguin, Cezanne y Matisse - se vuelve a Noruega, su tierra natal. Y allí, se vuelve luminoso al final de su carrera.

Sí, este es un cuadro de Munch.
¿Quién no recuerda un cielo parecido de un pintor holandés?


 
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Listado de obras por orden descendente:
Modelo junto a la silla de mimbre
Madonna (detalle)
El asesinato
Tras la caída
La mujer vampiro
Cenizas
Desnudo femenino de rodillas
La niña enferma
Mujeres en el puente
Niñas en el puente
Noche estrellada