martes, 12 de agosto de 2014

Adiós, mi capitán

Estaba recordando a mis profesores cuando apareció la noticia de la muerte de Robin Williams. El profesor de toda una generación en el papel de John Keating de El Club de los poetas muertos.

Ilustración de Lucía Alcina

Al igual que los alumnos de la academia Welton, tuve un buen profesor; cuando todavía tenía el cerebro blandito, los ojos abiertos, y el espíritu crítico del comienzo de la edad adulta.

Ese profesor me enseñó. Me demostró que se puede ser notorio haciendo grandes afirmaciones, pero que ninguna posición firme es absolutamente verdadera.

Como a un Sócrates, teníamos la suerte de escucharle muy temprano durante el último curso antes de salir al mundo. En esos diecisiete años que van forjando la mayoría de edad para encarar la realidad fuera de las aulas.

Cada mañana nos desgranaba una teoría del mundo, nos la explicaba hasta que todos nosotros creíamos firmemente que era la auténtica verdad. A la mañana siguiente rebatía esa teoría, hasta hacernos ver la relatividad de los argumentos que la sustentaban.

Y así, durante un año, y cada mañana, nos fue demostrando que debíamos estar alertas, y no dejarnos llevar por cada teoría bien fundamentada que se cruzase en nuestro camino.

Nos demostró que la inteligencia es un continuo, un desacuerdo con la conformidad, una suma y un contraste de todo aquello que observamos, oímos, y palpamos.

Aquel profesor nos enseñó a no detenernos en una rama, y a soportar la sensación de vacío al no poder abarcar toda la verdad. Nos enseñó a no firmar por siempre jamás. No nos enseñó a caminar por la tierra. Pero nos enseñó a sobrevolarla, y a observar con atención.

Los buenos profesores nos enseñan a volar. A vivir aprendimos solos. Aún así, cada día agradezco más esa capacidad de despegarme de la tierra.
Ilustración de Lucía Alcina


 

jueves, 17 de julio de 2014

Once upon Any other place ... there was this song


Canción: En cualquier otro lugar
Música y letra, voz y guitarra: Ignacio Ch. Alcina

Esta canción la compuso mi hermano hace mucho tiempo. La escucho cuando me despierto a las tantas de la madrugada y ando un poco perdida.

Escucha aquí: En cualquier otro lugar

Once upon Any other place - Ilustración de Lucía Alcina

Song original title: En cualquier otro lugar
Music & lyrics, voice & guitar: Ignacio Ch. Alcina

 
This song was written long time ago by my brother, and everytime I hear it I'm able to be at Any other place:
 
 
 
 

martes, 15 de julio de 2014

Boceto de un sueño




Boceto de un sueño - Lucia Alcina
 
 

lunes, 14 de julio de 2014

Kids at the future shore - Detrás de la mirada


 
 Dibujo de Lucía Alcina - inspirado en una postal americana

domingo, 13 de julio de 2014

Sólo los amantes sobreviven

Film original title: Only lovers left alive
Director: Jim Jarmush
Starring: Tilda Swinton y Tom Hiddelston



Un músico y una devoradora de libros, enmarañados en un sofá, cubren de sofisticación al mundo, entre telas raídas por una existencia casi inmortal y una pasión sempiterna. Jarmush se detiene, no sólo en la sangre que alimenta sus cuerpos, sino en el nutriente que buscan sus espíritus para mantener ese contrato con la muerte.

Ella devora la belleza de la tierra con sus ojos ávidos, se llena de risa con la tragicomedia humana, bebe de la oscuridad del alma de Adán, como él se retroalimenta del ansia de vida de Eva. Y ambos sueñan con la percusión de un gran diamante redondo cuyas ondas llenan de música el infinito.

Música e imagen se enlazan, confabulan, para mostrarnos la disparidad entre estos dos protagonistas. Él, encerrado en sí mismo, en la infinitud de unas notas musicales que va apresando, en una composición eterna que no logra atrapar la materialidad de la vida.

 
Se abraza a una guitarra Gibson de 1905, se rodea de retratos, de objetos añejos que le agarren al tiempo, intentando hacer tangible lo incorpóreo de su alma, de su música. Sintiendo el desconsuelo de un mensajero sin destino, que sólo la telaraña de las historias de Eva es capaz de prender en su madeja de versos. Letras que atan el concierto y el desconcierto, y viajan en maletas antiguas como tesoros inagotables.
 
"No eres tú lo que necesito" dice Hiddleston a cámara, dirigiéndose al vendedor de deseos de Tánger. El alma no se alimenta del goce efímero. Busca la eternidad del amor. No se aplaca con la fama, sino con la obra; ese aliento que se independiza del autor y escapa del escondite privado. Que recorre el tiempo y el espacio, que engaña al público erudito, y es sordo entre los zombis. Que nace en las esquinas silenciosas porque aprecia la atención del silencio.


El amor se encarna en Eve, una Eve que se pronuncia con 'If' de futuro abierto y tenaz. El deseo se esconde en Ava, con un eco a 'Eva' viciado que resuena a pasado, que se arrastra en el sinsentido de la perversión, bebiéndose la vida sin vivirla.

Los amantes sobreviven porque son el emblema de la belleza, del apetito, del contraste, de la energía, de la pasión, de la tenacidad. Porque la distancia que los separa aviva el fuego de la creación. Los amantes eternos, sin devaneos, sin seducciones ni noviazgo, son dos seres completos y opuestos que se reencuentran para rejuvenecer los filamentos descosidos del mundo, y contemplarlo como espectadores privilegiados.

La belleza bucea en las profundidades que unen los polos distantes. 'Sólo los amantes sobreviven' es un entramado poderoso de imágenes megalómanas de suculenta textura. No es una película lógica. Es una película bella. De una cadencia exquisita. Un delicado precipicio fotográfico que se sumerge en una puesta en escena celosa e inmensa en detalles. Unos universos solitarios cuyos polos se atraen, y refuerzan el contraste entre la densidad del refugio íntimo de Adán y la fluidez de las calles de Eva. Antítesis que distancian, a golpes de contraluz, la plasticidad con la que estos dos amantes se enganchan a la vida.

Stories that fill my life
 
                                                                                                                                    Lucía Alcina

jueves, 3 de julio de 2014

Joven pensando

Ilustración de Lucía Alcina - Joven pensando

martes, 20 de mayo de 2014

Nuestro ser virtual

El mundo nos incita a compartir cada poro de nuestra piel en sus mil ventanas abiertas; miradores sin techo al que nos invita a quedarnos, hasta convencernos de que son nuestra casa. Un hogar digital desguarnecido, a la intemperie, donde vamos forjando nuestro ser virtual, y olvidándonos de alimentar al humano curvado sobre una silla. Nos impone una nueva medida del tiempo en la que nuestra existencia sólo se reconoce en las incursiones esporádicas en las que somos vistos u oídos.
 
Dibujo de Lucía Alcina
 
A los amantes de la intimidad, esa propuesta intimidatoria del mundo les asusta.  Porque les pide, sencilla, y drásticamente, cambiar la forma de entenderse y de entenderle. Al mundo. Todo pasa a ser leve y transitorio. Como una estación ventilada en la que se airean los pensamientos y los besos. Un salón sin rincones donde las ideas son burbujas que se elevan gracias a su extraordinaria intrascendencia. Causa vértigo. Porque de repente, los sujetos, tendrían que tornarse en efímeras o libélulas, seres pequeños y luminosos cuya existencia es brevísima en el tiempo.

Tal grado de tolerancia a la fugacidad no es humano. Nuestro interior nunca deja de anhelar nuestra propia presencia. Por eso, ése ente brillante y perecedero necesitará romper a nacer en ave fénix múltiples veces al día, en una cadena de inhalaciones y destellos que alcanzaría a vivir en cien millares de frágiles alientos. Esa nueva dimensión del tiempo es una extensión intermitente de nuestro ser, y es atractiva si sabe coexistir con nuestra dimensión real, esa en el que  tenemos un cuerpo que pesa, camina, toca y saborea.

A veces, nuestra inquietud por ser parte del grupo olvida la riqueza que poseemos como individuos, y la lealtad que nos debemos a nosotros mismos. Porque si somos capaces de prestarnos atención, nos daremos cuenta de que somos, cada uno de nosotros, un imperio por conquistar, en el que existimos siempre, aunque nadie más nos piense. Siendo nuestra naturaleza constante y, por eso, capaz, de concentrarse, crear, y componer. Hay pocas cosas tan personales como la elección de las pautas que queremos imprimir a nuestro tiempo.

Como dirían Olaf Stapledon y Giordano Bruno, el cosmos es una infinita pluralidad de mundos, cada uno de los cuales puede asimilarse a un organismo vivo.
Lucía Alcina

viernes, 9 de mayo de 2014

Bajo los olmos de Siberia


Un aleteo de verdes hojas susurra suaves salvas diamante.
Con tibia piel de clorofila filtran la bruma madrugadora.
Polvo de luz que se suspende, en el pasillo flanqueado,
de troncos firmes y arrugados, de cuarteada piel ceniza.
Ella camina, y su mirada, se pierde en copas y repisas, que alojan un canto, un trino alegre, de un pájaro furtivo de verano. No es, ni siquiera, primavera, y esa voz dulce repiquetea, entre las ramas de los pinos, bajando tramos en su vuelo, hasta posarse junto al cuello, donde susurra una corchea. Y en las pestañas salpicadas, de blanca sal, flotan canicas, que se columpian en tobogán hacia las cimas de sus mejillas.
De un brinco se alza, el ave amante, que, mensajero, errante fuga.

Vuelven las hojas a repoblar el sendero amplio de mis olmos, esos del parque que comparto, con mil ciempiés a la carrera, que cuentan vueltas y sub-tramos, en una esfera digital. No mira nadie a las alturas, tráfico abierto y elevado, que sólo un cielo azul y claro surca veloz sobre una nube. No escucha nadie el golpeteo, de un cuco haciendo su casita, en los oídos, unas bolitas, cantan canciones que desconectan. Y aquí estoy sola, entre millones de cables sueltos, que huyen corriendo, junto a lavandas que ya despuntan azul zafiro sobre sus cumbres.

Vuelvo a escucharlo. Cierro los ojos. Revolotea a mi alrededor. Es mayo y vuelve. A un mar de rosas, que cubre el prado en una esquina. Me tararea sus aventuras, me trae la música que ha aprendido, lleno de vida, salta posándose, en trova armónica, sobre una espina. Ruedan guijarros en el parterre, niños que juegan a mover tierras, mi atención frágil pierde el despegue.

Antes de irse, aflora un beso, una caricia, un hasta luego. Deja caer sobre mis hombros el terciopelo de una corola. Sus alas trenzan una sonrisa. Inquieto, alegre, lleno de fuerza, escribe un verso en travieso vuelo, me dice, quedo, en cada sendero, y viajo radiante, risueño, campante.

Cuando las olas se encrespen, huracanadas de viento, en el solsticio de verano, cada mañana, siénteme cerca, piénsame lejos. Porque estaré, cruzando un horizonte inagotable, trepando por las ramas de un flamboyán de Puerto Rico, entre los bosques, sobre la arena, o bajo los olmos de Siberia.
Lucía Alcina

martes, 29 de abril de 2014

Tragalluvias de Mariscal

      

 
Libro: Tragalluvias
Autor: Javier Mariscal
Editorial: palimpsesto 2.0
Género: Novela
 
¿Os imagináis que se derrama un frasco de tinta y se escribe sola una novela en una tarde? Esa es la sensación que he tenido al leerla. Fresca, fluida, sin abstracciones. Leyéndola con labios salados. Descubriendo que hay tantos idiomas como individuos.
Un abanico de protagonistas que parecen un único personaje, un río profundo y oscuro con muchos afluentes, al que caes, y donde te recoge una hoja de otoño atrapada en la corriente. Al principio sientes que quieres agarrarte a algo para entenderla, hasta que comprendes que sólo puedes dejarte llevar. Asomarte a la oscuridad de sus espejos. Columpiarte en los desniveles imprevistos. Rotar sobre ti mismo en sus torbellinos.
Una lectura de cadencias, sin tiempo. Con impresiones, sin marca páginas. Sin gritos. Con un solo grito. Imágenes derramadas en servilletas de café, en libros, en las manos. Letras que son personajes disfrazados, o ilustraciones de palabras. Pensamientos atrapados en un cazamariposas que se abre como las manos tras beber de una fuente.

Y el olor a café. Y esa sensación de escritor que te invade al pertenecer a esa cafetería. Estar presente en ese lugar donde todos tienen su espacio. Los libros que escribes en tu cabeza, las vidas que empiezas y quedan suspendidas en antiguas miradas y viajes.
Una narración envolvente que juega a ser música sin pentagrama. Concéntrica. Voces que se despliegan formando caracolas que se repliegan en otra voz. Un ejercicio de estilo, o la libertad de un hombre con un lápiz. En minúsculas, como los besos de un niño.

 
 
"Si sólo fuera sueño lo que uno desea tener en esta vida".
 
 
Tragalluvias transforma la palabra en algo sonoro, plástico, líquido. En un soplo fuerte de aire que a veces duele al cruzar las arterias atascadas. Una novela sobre el tiempo, sin unidades de medida. Que trasciende los límites, y demuestra que es posible hacerse entender sin someterse a códigos uniformes.


¿Cómo cazar todos esos ángulos que sobresalen de los márgenes del papel? Convirtiéndolos en arena, en pintura, en canciones, en incursiones a otros libros, en silencios, y volviéndolos a traer al mundo de la palabra. Con la delicadeza del que teje las comisuras de los ratos con los instantes. Con el dominio de las voces que se cruzan. Como cuando andamos por una calle bulliciosa y somos capaces de escuchar nuestra propia voz y las de los viandantes que nos rodean. Trenzándose en una sola conversación.


En una vista de halcón que baja hasta la altura de una niña de cuatro años y se convierte en mirada redonda de unos ojos grandes llenos de vida que observan venas fluorescentes. En un ojo de pez que mira con ojos rasgados la perspectiva del tiempo nublado de sentimientos sin nombre. Un guiño fotográfico. Una panorámica de una mujer invisible detrás de una barra. En monstruos fantásticos que se derriten en sombras a nuestros pies cuando la lluvia de la inocencia cambia la visión de un niño. Un globo, que parece inflado por Frank Capra, recorre en un trávelin aéreo el mundo que deja, al elevarse hacia las estrellas.
No podemos vivir todas nuestras vidas. Las no vividas subsisten como náufragos, como sueños, como puntas de iceberg de largas esperas, que, aún vacías, contienen tanta verdad y tanta vida. Ese volcán de vida que somos cada uno de nosotros.
 Lucía Alcina

domingo, 2 de marzo de 2014

LAS MEJORES PELÍCULAS DEL AÑO 2013-2014

Artículo: Lucía Alcina 
Cada mes de marzo hago una revisión de las películas del año aprovechando la fecha de los Oscar como una mera marca en el tiempo para examinar las obras que realmente me han resultado memorables.

En el anterior post hablaba de las nominadas a los Oscar. Ahora quiero compartir con vosotros las mejores películas del año. Os recomiendo cada una de ellas, pero, para que elijáis la que más os apetece ver, hago un breve comentario sobre cómo me ha impactado cada una. El orden es aleatorio. Espero que las disfrutéis:

- Antes del Anochecer. El enamoramiento es uno de los sucesos más mágicos que una persona puede sufrir a lo largo de la vida. De la capacidad de retener esa magia escurridiza es de lo que trata esta historia de amor. Varios directores han analizado cómo se desintegra el hechizo. 'Viaje en Italia', o 'Dos en la carretera', son ejemplos de cómo aquellos diseccionaron el terremoto emocional aplicándole las cenizas del tiempo. Linklater, más benévolo, aplica espacio al tiempo para oxigenar la relación, en su afán de mantener viva esa pequeña llama mágica.  La encierra en el corazón de dos individuos que son estandarte de la esperanza, y la reaviva cada varios años aireándola con un fuelle de diálogo catártico y purificador. Y es el juego de la esperanza y la desesperanza la que, en el continuo friccionar, enciende intermitentemente el fuego.

- Mud. Vetas de Mark Twain en esta obra de de Jeff Nichols. Sólo con el despliegue de naturaleza, y la iluminación natural irradiando las ganas de vivir de los personajes, nos dejamos sumergir en las aventuras pantanosas de un proscrito y sus jóvenes secuaces en busca de una verdad que borre las miserias del tedio de sus vidas.

- Una familia de Tokyo. Yamada homenajea sin manierismos a Ozu. La delicadeza y sencillez intimista con la que recoge los fugaces vínculos de los miembros de una familia, contienen un linimento de verdad para curar las heridas del tiempo. El dominio de la calma poética con la que envuelve el duro proceso de afrontar la pérdida, me recuerda a Despedidas ( 2008 - Yojiro Takita).

- Un invierno en la playa de Josh Boone. Una película sobre una familia de escritores en la que los protagonistas bordan sus papeles a través de buenos diálogos, llenos de literatura para recuperar a los amores perdidos.

- The place beyond the pines ( Cruce de caminos). Es para mí la película más Shakesperiana del año. Una gran tragedia entre dos familias tocadas por los hados. Derek Cianfrance hace un equilibrio magistral entre el dilema moral de la verdad, y la aventura criminal, dominando el contraste entre los personajes a través de una inquietante acción de cuidado montaje.

- Inside Lewyn Davis. Los Cohen escriben una oda al amor propio frente al capitalismo de la moda. Interpretan la vida de un cantante de country sin hogar, y su aventura por superar las penurias, a pesar de su carácter fiero y altanero, junto a un gato evasivo, en un Greenwich Village de Nueva York frío y gris. Las miradas de su protagonista definen la película: Entre el desconcierto de verse envuelto en una melodía pop, y la arrogancia y el atrevimiento que arroja como una bofetada a un productor musical al interpretar, calado hasta los huesos, la menos mercantil de las canciones.

- De tal padre tal hijo. Un tierno drama japonés sobre el poder de las vivencias y los roces humanos, cuando dos niños intercambiados al nacer exponen a sus familias a unos difíciles dilemas de aceptación. Koreda enfrenta la fuerza de la herencia biológica contra la resistencia de los referentes reales.

- La vida secreta de Walter Mitty. La imaginación de un hombre gris es el motor de un aventurero encarcelado, pero para unos jefes sin entendimiento, ni conocimiento, la imaginación aparece como un estigma burlesco. Ben Stiller arremete contra el marketing vacío en una divertida aventura que elogia la profesionalidad de los trabajadores discretos que han perdido la batalla frente a los charlatanes sin escrúpulos.

- Rush. La mejor película de acción y carreras de coches del año. Un duelo entre dos pilotos rivales que nos muestran dos formas de afrontar el riesgo, el fracaso, el trabajo y el éxito.

- Le Weekend. Parece la continuación de Antes del Anochecer. Un viaje a París de un matrimonio que ya no tiene más responsabilidad que vivir con toda la intensidad. Es una divertida película de acción y drama donde se abandona el ridículo y el miedo, con diálogos realmente amargos.

- El Gran Gatsby. Con una puesta en escena y fotografía espectaculares. La secuencia de las tacitas de té en la casa aledaña bajo la fuerte lluvia, las carreras de majestuosos coches frente a la gasolinera destartalada del suburbio pobre, el contraste y los colores saturados. Y un elenco de fieras humanas pasionales y heladas.

- Philomena. La ironía se va de viaje con la franqueza y la gravedad, en esta road-movie en la que un periodista inglés acompaña a una abuelita irlandesa en busca de su hijo perdido. Tierna y divertida, es la película con mejor ritmo del año, con un guión de contrapuntos de un perfecto acoplamiento.

- Blue Jazmine. Una mujer que se encuentra fuera de lugar a una edad en la que el mundo no le ofrece otra oportunidad que la locura. Es la historia de un personaje que se ha engañado a sí mismo y ha sido engañado, y al que le es imposible encontrar algo verdadero que le aferre a la cordura.

- Enough said. Sobran las palabras. La última interpretación de James Gandolfini, es una tierna comedia sobre la dificultad de dar espacio a otra persona en nuestras vidas, cuando hemos alcanzado una edad en la que se han asentado nuestras manías, y la desconfianza hacia las nuevas relaciones se interpone en nuestra felicidad.

- Una cuestión de tiempo. Una nada científica comedia sobre los viajes en el tiempo, donde lo importante son las decisiones que debe tomar el protagonista. El tiempo puede correr a nuestro lado sin aportarnos nada, son sus nudos, las resoluciones, las que aportan el peso de la existencia y le aportan su sentido.

- Agosto. Una película sobre el odio, la culpa, las estrategias de poder, y el egoísmo en la familia. Fuerzas poderosas para matar el poco amor que se esconde atemorizado.

- Star Treck de J.J. Abrams. La ciencia ficción se sumerge en un viaje épico lleno de inteligencia, sacrificio, romance y amistad. Khan, y Mr. Spock están espléndidos.

- La parte de los ángeles. La mejor dramedy del año. Una divertidísima historia sobre segundas oportunidades para un grupo de delincuentes que descubren que tras las bodegas de whiskey hay un futuro distinto.

- Iron man 3. A veces un hombre tiene que enfrentarse completamente solo a los peligros del destino. Es entonces cuando debe despertar toda su audacia e ingenio, despojarse de los miedos, y tomar con firmeza el timón de su futuro.

- Las ventajas de ser un marginado. The Perks of Being a Wallflower. Una película sobre la amistad, que narra el drama de la adolescencia de los que se sienten marginados hasta encontrar un grupo de personas con las que encaja. Es extrañamente oscura y optimista, y los protagonistas te atrapan por su audacia y genialidad.

- Frozen. Animación de Disney. Una obra de liberación de un personaje cargado desde su infancia con el peso de la responsabilidad y la culpa. Una trama fraternal de huidas y búsquedas, de engaños, y amor verdadero.

No pude ver Prisioneros. Es que me duele mucho cuando golpean a Paul Dano, y decidí no pasar por ese sufrimiento. Pero me han asegurado que merece mucho la pena.

Incluyo también las películas nominadas a los Oscar 2014, de las que podéis encontrar información en la anterior entrada http://viewsfrommyinnerwindow.blogspot.com.es/2014/02/nominadas-los-oscars-2014.HTML